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Viernes 20 de Mayo de 2022

En el estreno del unitario de Telefe, Legrand sorprendió con un estilo ágil y aggiornado

“La dueña” del rating
Frente a cada estreno o comienzo de temporada, hay ciertas coordenadas que permiten intuir por dónde irá el programa. Más allá de que la sinopsis adelante en cuentagotas de qué tratará la historia, el público puede palpitar o sospechar, de acuerdo a los nombres elegidos y sus trayectorias, qué tono tendrá el relato y por qué carriles, entonces, transitará. Cada vez, en ese punto, hay menos sorpresas en la televisión argentina. O había. Porque si algo rodeaba insistentemente a La dueña (miércoles a las 22.15, por Telefe), amén de que marcaría el regreso de Mirtha Legrand a la ficción, era el misterio . ¿Volvería la Mirtha de los ’60? ¿Habría alguna reminiscencia de declamación de otras épocas? ¿Todo sería yo-mí-me-conmigo ? ¿Sus 46 años sin enfundar un personaje se notarían en pantalla? ¿Habría más persona que personaje? Preguntas, todas, que encontraron respuesta en una propuesta ágil, cuidada, actual, por qué no moderna. Mirtha, una vez más, se reinventó.

Y, como hacía mucho no le pasaba, también se adueñó del rating: fue lo más visto del año, con picos que superaron los 31 puntos sobre el final (ver El rating ). Claro que el interés por develar cómo se la vería en acción generó expectativa, pero también es cierto que (casi) nadie se queda a ver lo que no quiere. Y más en tiempos de zapping, a los que la diva de los mediodías –al menos hasta ahora- se enfrentaba por primera vez en calidad de actriz.

Si bien, seguramente, más de uno quedó sorprendido con su estilo aggiornado para imprimirles a los diálogos dinamismo y frescura, se dio lo que se esperaba en términos de guiños autorreferenciales, un clásico de Chiquita . La saga se abrió en el primer minuto de programa, cuando, en off, su Sofía Ponte decía: “ Hermosa noche para una celebración, 40 años de mi empresa. Cuántos seres queridos que extraño… mi marido, mi hijo que ya no está ”. Iba, en el asiento de atrás del auto manejado por su chofer (un acertado Carlos Portaluppi), rumbo a la fiesta aniversario de su imperio del maquillaje. Una empresa con casi la misma cantidad de años en los que ella se retiró de su oficio insignia (en el que tuvo su primer protagónico a los 14 años, con Los martes, orquídeas ).

“Sigo siendo una vendedora, una vendedora de fantasías” , soltó Sofía en un momento, en un directo tributo a La vendedora de fantasías , película que protagonizó en el ‘50, con dirección de su marido, Daniel Tinayre. También hubo un par de “chau, chau” , un teléfono blanco y antiguo sobre su escritorio (homenaje a la época de oro del cine), una escena cinematográfica suya reproducida en un viejo televisor y hasta un “mierda, carajo” (en ese orden, alterado del original, que ya es boom en Internet), que ‘se le escapa’ a la dueña cuando su nieta (Florencia Bertotti) gana el Grand Prix Azteca, en una pileta semi olímpica de México.

La nadadora -la menor de sus tres nietos... ¿cuántos nietos tiene Mirtha en la vida?- asoma ya como personaje fuerte de la historia, casi tanto como su abuela. La Amparo de Bertotti le permitió a la heroína de Floricienta desplegar su talento. Ella, Benjamín Vicuña (flamante asistente de Ponte, vengador en silencio, con destino de novio de Amparo) y Alfredo Casero (el juez que investigará un fraude en la empresa de cosméticos) marcaron diferencia en un elenco que tiró parejo en el capítulo inicial. Mónica Cabrera, la ex mucama de Tratame bien -el entrañable personaje que impuso en televisión el “dale” como sello antes que Mariano Iúdica-, también pinta como pieza clave en el universo de Sofía (es su fiel ama de llaves).

Con producción de Endemol y de Nacho Viale -su nieto, el que le insistió con el regreso-, el unitario planteó un jaque al tiempo -tal vez una metáfora del caso-, abriendo con una escena que luego sería la del final de capítulo: se inició con la detención de Ponte en el umbral de su fiesta y, tras la presentación, se vio lo que había ocurrido “unas horas antes”. La agilidad y el muy buen uso de la fotografía -impecable el contraluz aplicado sobre Vicuña frente al río- le dieron al ciclo el toque de un producto capaz de hacer pie en las competitivas aguas del prime time (horario central).

Con impensados contrapuntos en la TV -como el dinámico diálogo entre Legrand y Casero, en la escena en la que la supuesta acusada y el juez juegan a un pícaro juego de confianza-, La dueña , al menos en su debut, pareció patear el tablero. Claro que con su oficio -en este caso, tan desempolvado como vigente- Legrand supo para dónde debían ir las fichas.


Viernes, 20 de abril de 2012
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